La desolación nunca fue tan íntima. En The Last of Us , la música de Gustavo Santaolalla rompe con todos los clichés del género post-apocalíptico. En lugar de grandes orquestas o sintetizadores industriales, Santaolalla apuesta por instrumentos orgánicos, guitarras desafinadas y el característico sonido del ronroco. Esta elección no es casual: la música refleja la vulnerabilidad de Joel y Ellie, recordándonos que en un mundo lleno de monstruos, la mayor amenaza —y la única salvación— es nuestra propia humanidad.
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